Día 16. Para que la rutina no te alcance, Alejandro Jorodowsky proponía el otro día cambiar cada tanto de sitio los muebles y objetos de la casa. Porque, aunque lo cotidiano, lo de siempre, nos ayuda a mantener una cierta estabilidad psicológica y mental, y a manejar mínimamente la incertidumbre, los tiempos nuevos nos invitan, nos empujan y hasta nos obligan también a hacer las cosas de otra manera, a cambiar la mirada, a transformar las formas de responder a las pequeñas y grandes cosas de la vida.
A mí, por ejemplo, me ha dado por escribir, bolígrafo en mano, mientras observo la vida sentada junto a la ventana de mi cocina. Un rincón de la casa habitualmente destinado a apilar sartenes cuando usamos el horno que se ha transformado en las últimas semanas en el banco de pensar, escribir, aplaudir y cazar rayos de sol. En este caso, no hizo falta cambiar el mueble, sino darle un nuevo uso.
También ha ido cambiando, a dios gracias, mi grado de neurosis e hipocondría: hace tres semanas estaba en lo más alto de una de esas olas de las mareas del Pino que te revuelca en la orilla y de la que te parece que no vas a poder salir; ahora, me debato entre los momentos de calma (como estos en los que escribo y otros buenos ratitos), la tensión inevitable que me produce lo incontrolable y algunos picos de marejadilla que surfeo como puedo, con un autoabrazo, abrazos virtuales y/o los abrazos de quien con tanto amor me acompaña.
Cambiaron tantas cosas.
Cambió la hora a la que me levanto y, desde esta semana, el lugar que ocupo en la mesa del desayuno.
Cambió mi visión de los conflictos internos y externos que tengo pendientes, pasados ahora por el filtro del respeto y el amor.
Cambió mi dieta, por no ir al supermercado en busca de embutidos.
Cambió el ruido de mi calle, mi forma de mirar a las personas que pasan por ella.
Incluso cambió un poquito –lo digo, eso sí, con la boca pequeña- lo que siento y lo que pienso sobre el control, cada vez más férreo, que tienen ahora las autoridades varias sobre mi vida.
Cambiaron tantas cosas en tan poco tiempo.
Están las que no me gustan. Aquellas que vienen impuestas y que trato de asimilar y manejar con todas las herramientas de las que afortunadamente dispongo, junto con el ánimo, también cambiante, de cada momento.
Están las que me gustan. Regalitos. Sorpresas. Rayitos de sol. Una oportunidad para cambiar los muebles de la casa cada día.
(Con permiso de Mercedes Sosa y de Manolo Benítez, la canción hoy se apareció ella sola).
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