Hace algunos años escribí una carta. En ella hacía un pacto conmigo misma: dejar de ser víctima de la situación laboral tan difícil que estaba viviendo y apostar, con todo mi ser, por mí.
En ese momento, cuando firmé la carta, se inició un proceso largo en el que fui construyendo, paso a paso, un camino nuevo; sin embargo, la fuerza de la costumbre, la incertidumbre, el miedo a lo desconocido y un cierto síndrome de Estocolmo —y la prudencia, claro— a veces tenían más fuerza que mi necesidad y mi deseo de acabar con el día de la marmota.
Hasta que una frase simple y sabia, casi de perogrullo, me traspasó: «tú eres dueña de tu tiempo». Y ese impulso que se inició con la carta de pronto tomó una fuerza inusitada; tanta, que el 14 de diciembre de 2023, hace ahora un año, fui por última vez a trabajar al hospital, ese lugar que me había dado mucho y donde a esas alturas era muy infeliz.
En ese viaje pasó algo más. Algo que aún me emociona y que fue fundamental para que hoy esté escribiendo estas palabras en mi casa, en mi despachito, entre encargo y encargo. Todas las personas que me rodeaban y me querían fueron firmando —virtualmente, y muchas sin ser muy conscientes de ello— la carta que escribí para recobrar mi libertad y construir mi propio proyecto.
Personas cercanas, otras que fueron llegando a mi vida, algunas que ni siquiera sabían lo que me estaba pasando, pusieron su nombre al pie del folio. Y con él, una palabra de ánimo, un gesto de apoyo, un proyecto nuevo al que sumarme, un contacto para ampliar mi agenda, una sonrisa, un silencio, una petición de ayuda, una cita para un café y unas risas… Así, con su presencia y su «sí», con su firma en mi carta, se fue reforzando ese «sí» que se abría paso en mi interior.
Fue esa presencia amorosa la que me sostuvo en los tiempos difíciles y la que me ayudó a sortear los muros, a rodear las vallitas; y a poner, piedra sobre piedra, las bases de lo que hoy es mi vida laboral, en la que soy dueña de mi tiempo y lo uso lo mejor que puedo y sé.
Para todas ellas, y para mí también, va esta palabra: GRACIAS.
(Ay, qué alegría de canción. Manolo Benítez siempre da en la diana con su selección musical).
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