No se me asusten, que no va a pasar lo que más temen los irreductibles galos, no caerá el cielo sobre nuestras cabezas. Ni se me emocionen los grancanarios, no estoy dando el parte. Solo estoy usando una frase que he escuchado infinitas veces en los últimos meses en la tele desde que la palabra dana —con todos sus efectos (lluvia, viento, granizo, nieve, más lluvia, más viento…)— se instaló en nuestras vidas este invierno.
Cada vez que algún meteorólogo o similar pronuncia esas seis palabras seguidas, yo rumio por dentro: «nevará». Y me viene a la cabeza una de las diapositivas que siempre uso en mis cursos sobre habilidades de comunicación, que encabezo con una pregunta: ¿Qué entorpece la comunicación? Y la primera respuesta es… ¡¡tachán!!: las frases largas y con expresiones grandilocuentes. Pero por algún extraño misterio, hay un cierto gusto por decir que «las condiciones climatológicas serán adversas», cuando se ahorra tiempo y saliva con un «habrá mal tiempo» de toda la vida.
En mi experiencia, muchas personas creen que las frases largas, aderezadas con algunos palabros, nos hacen más creíbles, más importantes, con más control del tema que estamos abordando. Hay un cierto desprecio por lo simple, por lo directo. Como si decir «nevará» fuera menos que las famosas precipitaciones en forma de nieve. Pues no, todo lo contrario.
En primer lugar, en comunicación siempre hay una máxima: menos es más. La eficacia comunicativa no se mide en la cantidad, sino en la capacidad de dar en la diana, esto es, de llegar a quien nos escucha o nos lee, que el mensaje se entienda y que produzca el objetivo previsto. Vamos, que lo que quiero que sepas es que va a nevar y espero que lo tengas en cuenta.
En segundo lugar, si no tenemos el discurso bien articulado, o si nos genera tensión hablar en público, con el uso de frases largas y de palabras que no están en nuestro vocabulario habitual nos podemos meter en un jardín del que puede ser difícil salir. Yo a veces pregunto: ¿tú hablas así normalmente? Y si la respuesta es no, pues mejor dilo de una forma más sencilla y directa. Tu público te lo agradecerá y además te entenderá mejor.
Porque si yo tomo de forma literal lo de las precipitaciones en forma de nieve, mi primera interpretación es la de los irreductibles galos: el cielo va a caer sobre mi cabeza. Y eso son palabras mayores. Por desgracia, a veces ocurre, últimamente más de lo que nos gustaría, pero casi siempre, cuando nieva, simplemente nieva. Y aquí en Canarias, por cierto, muy poquito.
(Pues ya lo dice la canción… Cortesía, como siempre, de Manolo Benítez). (La foto es cortesía de Nacho González Oramas, de cuando en diciembre de 2025 nevó en la Cumbre de Gran Canaria).
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