Como si hoy no fuera domingo

Como si hoy no fuera domingo

Día 27. Esta semana (ya ni sé cuándo) escuché a alguien decir en un programa de televisión que todos los días parecen ahora domingo.

Pues permítame que discrepe, caballero, a mí me parecen más bien jueves, que es ese momento de la semana –o al menos lo era antes de que nuestra vida cambiara- en el que tienes la sensación de que todos los calderos están al fuego -el trabajo, la casa, la familia, las compras, las actividades extraescolares…- y al mismo tiempo vislumbras en el horizonte la posibilidad de que la cabeza, el cuerpo y el alma se aflojen.

Todos los días de este intermezzo –o nueva era, quién sabe- tienen algo de urgencia, aunque los sonidos de la calle, esos a los que nos aferramos para pulsar el latido de la vida más allá de las paredes, parezcan ahora adormecidos. Urgencia por responder los mensajes, por tener la nevera llena, por ocupar las horas, por comprobar que están todos bien, por compartir el último chiste o canción, por estar al día de todo lo que hay que saber para salir a la calle, por tirar la basura, por comprar una mascarilla, por encontrarse, como sea, con la familia o con los amigos, por pasear al perro, por decir hola y adiós.     

Entonces llega el domingo, el de verdad, y parece viernes. Los supermercados están abiertos (aunque esto pasa hace ya algún tiempo). El móvil echa humo, hoy con mensajes de felicitación por una Pascua que yo nunca celebré, aunque agradezco igual los besos y las flores. Abro el correo para darle un nuevo empujón a un proyecto que tengo entre manos. ¿Y los que teletrabajan? Para ellos no hay Resurrección que valga.

Me siento, un día más, a escribir, mientras suena la Cuarta de Beethoven. Como si hoy no fuera domingo y fiesta de guardar.

(Música para este domingo tan especial elegida por Manolo Benítez).

 
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No hay sancocho pa tanta gente
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