Voces de mujer

Voces de mujer

Hace ahora un año recibí un encargo que viví como un regalo: dar voz a las mujeres vinculadas al sector del vino en Gran Canaria. Un trabajo periodístico en formato de libro que, a través de un hilo invisible, conectaba con otros dos que había llevado a cabo en etapas muy diferentes de mi vida profesional.

El primero, cuando apenas tenía 24 años, se llamaba Mujeres en guerra. Una serie de entrevistas para el periódico Canarias7 a mujeres de países que vivían en situación de guerra, violencia social y de género. Stasha (Serbia), Kheila (El Sáhara), Mercedes (México) y Yamila (Palestina) vinieron a Gran Canaria para participar en unas charlas organizadas por el entonces Centro Insular de Cultura. Y también la periodista Carmen Sarmiento, primera corresponsal de guerra en España, a la que además tuve la oportunidad de presentar en la conferencia que ofreció para cerrar este ciclo.

En ese momento, año 1994, yo era editora de Nacional/Internacional. La guerra y los dramas se sucedían en Ruanda (con el terrible genocidio), en Chiapas, en Afganistán, en los Balcanes, en Somalia… Vamos, que el mundo estaba fatal, como ahora. Pero cuando las noticias brotan del teletipo es difícil que te toquen el corazón. Al principio, sobre todo las fotos, un poco; después te acostumbras.

Sin embargo, cuando una mujer te mira a los ojos y te cuenta en primera persona sus vivencias de maltrato, discriminación, violencia, supervivencia en medio de las grandes guerras y de las domésticas, es imposible, por muy periodista que seas, no conmoverte, solidarizarte, indignarte… y conectar con su historia. Ya entonces escribí: «su relato de la vida cotidiana era más estremecedor que saber que 200 personas habían muerto en Afganistán, y su mirada de angustia causaba más dolor que la enésima foto del hambre».

Tiempo después, como responsable de comunicación del Hospital Dr. Negrín, me encontré trabajando mano a mano con la primera mujer que se colocaba al frente de la gerencia de un hospital en Canarias, Evelia Lemes. Este hecho, junto con la evidencia de que en los centros hospitalarios la mayoría era femenina, aunque los puestos de poder estaban mayoritariamente en manos de hombres (esto ha cambiado un poco desde 2001, pero no tanto), me llevó a entrevistar para la revista interna Norte, bajo el título Femenina, plural, a compañeras de diferentes perfiles y a descubrir nuevamente todo lo que nos une a las mujeres.

Con el libro Mujeres del vino de Gran Canaria, encargo de AIDER Gran Canaria (gracias una vez más, Juani Vega, por este caramelo), volví, casi 25 años después, a tener el privilegio de sentarme a hablar, sin prisas, con mujeres dispuestas a compartir algo de su vida conmigo. Y ahí empezaron a resonar en mi cabeza palabras como coraje, constancia, pasión, corazón; también miedo, incertidumbre, perfeccionismo, esfuerzo…

Palabras que me recuerdan quién soy: una mujer de 56 años, que ha tenido la suerte de poder hacer su vida en un lugar de paz, aunque con guerras y conflictos cotidianos, muchos de ellos subterráneos; que ha bregado con situaciones incómodas y otras injustas, sobre todo en la vida profesional, por llamarse Charo y no Pedro; que puede reconocerse mirando a los ojos de las mujeres.

Una mujer que hoy habla desde su propia voz; que da voz, a través de la escritura, a otras; que acompaña en el proceso de desbloquear y desplegar la voz y la creatividad.

Una mujer que disfruta, con corazón y con coraje, y a veces con miedo y todo lo demás, de su libertad. Esa soy yo.

(Qué suerte también tener un compañero de viaje que, desde el respeto y el amor, pone música a mis palabras. Hoy por partida doble). (Foto: Frank Hernández).

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