La primera vez que pedí ayuda tenía 24 años. Hasta entonces pensaba que podía resolver todas las situaciones que la vida me iba presentando, y los embrollos en los que me iba metiendo, yo solita. Con esfuerzo, con arrojo, con tirar palante, con hacer como que no pasa nada… Cosas de la juventud.
Sin embargo, un día, el «tú puedes» ese que había escuchado tantas veces, y que las mujeres de mi generación parece que llevamos grabado a fuego, se convirtió en un «no sé» y en un «hasta aquí». Estaba bastante perdida, aunque no se me notaba, claro… En medio del caos interno, me abrí a la posibilidad de que otra persona me acompañara en ese trecho difícil del camino. Comencé a hacer terapia. Y me cambió la vida.
Si miro hacia atrás puedo ver a la Charo dura y resabida por fuera y temblorosa por dentro emprender ese viaje, con sus resistencias y también con su apertura. De todo el proceso, lo más importante fue sentir que no estaba sola, que alguien con más sabiduría me daba la mano y le daba un «sí» sin condiciones a la persona que era, con su forma de ser, sus luces y sus sombras; poco a poco fui soltando la armadura y los prejuicios y dándole espacio a esa joven llena de sensibilidad que estaba escondida detrás de la máscara de periodista solvente y mujer fuerte que podía con todo.
Encontré la mejor mano para iniciar un proceso que me llevó, con el tiempo, a descubrir todo lo que yo también tengo para dar. Encontré muchas más manos que me acompañaron y me sostuvieron, que siguen ahí como manos amigas; de las que recibí enseñanzas para andar por los caminos de la vida personal y profesional; de las que aprendí cómo acompañar desde el respeto y el cuidado.
El Acompañamiento CONVOZPROPIA nació de mi deseo de devolver eso que recibí: el reconocimiento de que todas las personas somos válidas por el mero hecho de existir y que todas tenemos algo que decir y que aportar, en un espacio en el que pongo a su disposición mi presencia, mis conocimientos y herramientas para que puedan descubrir y desplegar su potencial comunicativo y creativo.
Como dice la canción de Drexler, «cada uno da lo que recibe». El día que di el primer paso para pedir ayuda, alguien me dijo: sí, yo te acompaño. Y ahora soy yo la que tengo la oportunidad de acompañar a otras personas en un trecho de su camino.
De todas aprendo. De todas recibo.
(Dice Manolo Benítez que el tema musical para este artículo es el que es… Aquí en una versión para dejarse llevar por el ritmo y la alegría).
(Y si quieres saber más sobre el Acompañamiento CONVOZPROPIA, aquí tienes un resumen).
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