La fin del mundo (otra vez)

La fin del mundo (otra vez)

Ayer por la tarde-noche, el eterno silencio de la cola del Spar, que solo se rompe por la consabida pregunta de la cajera —¿bolsa?, ¿quiere el tique?— se tornó en una animada tertulia a varias bandas sobre operadores de telefonía, datáfonos fuera de servicio, velas, dinero en efectivo, qué suerte vivir aquí y adolescentes que no conocen más vida que la que transcurre a través del teléfono móvil y ahora andan mustios penando por la casa.

Mientras hacía malabares con mi escueta compra en las manos, intentaba decidir en cuál de las conversaciones meter cuchara: «yo soy de Orange, sí, estuve toda la tarde en modo off, pero mira tú por dónde, ahora es Movistar la que petó». Vaya, me quitaron las palabras de la boca. «Velas», ah, tengo un montón, y también fósforos, gracias a la otra parte contratante, que lleva un mes anunciando la fin del mundo y haciendo acopio. Pero justo en ese momento saltaron varias monedas por el aire —¿se acuerdan?, eso con lo que pagábamos hasta hace muy poco las compras— y las velas pasaron de moda en un segundo.

Tenía yo ganas de contarles que justo estos días tenía efectivo, aunque claro, no lo llevaba encima, así que mientras la cajera blandía el datáfono y volvía a lo de los operadores de telefonía, que también me valía para pegar la hebra, empecé a abrir la boca para emitir los primeros sonidos después de una tarde de soliloquio del televisor… porque estaba yo preocupada no solo por el apagón, sino por esos presentadores que hablaban y hablaban, ¿a quién?, si no había luz y a más de media España se le había fundido el teléfono, y ya solo quedábamos los isleños y los de Ceuta y Melilla para seguir las recomendaciones, escuchar por enésima vez las historias de quienes se habían quedado atrapados y sin cobertura en medio del caos y atender las palabras de Pedro Sánchez; que por cierto, si no viviera aquí, en esta ultraperiferia a donde no llegó el apagón, no podría haber escuchado su rueda de prensa porque no le hice caso al hombre (el de mi casa) y no tenemos radio a pilas.

Total, que en este punto de mis disquisiciones mentales mientras pagaba no pronuncié palabra. Ah, sí, no quiero el tique, gracias. Y salí de ese hervidero con un firme propósito: mañana mismo me compro un transistor.

(¿Qué tema musical le pega a tanto desmán? Manolo Benítez, el de las velas y el transistor, propone este pasodoble de Pepe Mairena).

Un globo es un globo
Carta de libertad
Yo te quiero libre
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