Inclusión e identidad: el éxito es compartir

Inclusión e identidad: el éxito es compartir

Frente a los éxitos individuales, cada vez creo más en las experiencias compartidas. Esas son las que dan sentido a mi vida.

Y en ese deseo y esas ganas de compartir radica el éxito de “Inclusión e identidad. Taller de música tradicional para personas con discapacidad”, que he podido llevar a cabo junto con Javier Cerpa, autor del proyecto, y Luzmila Valerón, que ha impartido el taller, con al respaldo de la Fundación MAPFRE Canarias —a través de la iniciativa Proyecto Futuro— y de todas las personas que se sumaron para que saliera adelante.

El éxito no es otro que el de las risas y las sonrisas, los bailes y los cantos que aprendimos —yo, la primera—; las caras de alegría cuando llegábamos a los centros; la posibilidad de hacer sonar, de la forma que fuera, el tambor de Luzmila; las regañizas del Baile del vivo mil veces repetidas y siempre nuevas; los inventos para aprender un ritmo, una letra o un movimiento; el juego de quitarse el sombrero; los gestos de la Danza del Trigo, adaptados a todos los públicos; la posibilidad de bailar de pie o sentados, con movimientos o simplemente mirando. El chocar de dos manos, el abrazo, las canciones, las despedidas hasta la semana que viene. La posibilidad de encontrar nuevas vías, nuevos lenguajes, nuevas formas de aprender disfrutando, de disfrutar aprendiendo.

Y siempre con la idea de compartir. De eso se trataba, de usar la música tradicional, esa que nos une más allá de las capacidades, discapacidades o incapacidades que todos tenemos, para juntarnos y aprender en compañía.

En estos casi tres meses en los que se ha desarrollado el taller hemos compartido la alegría y la incertidumbre de hacer algo nuevo. Javier y Luzmila, sus conocimientos, que son muchos, y su forma tan cercana, su generosidad, su socarronería. Los equipos de los centros ocupacionales de Valleseco, Valsequillo y San Mateo, su saber estar y su guía, tan necesaria. Y los hombres y mujeres usuarios de esos centros, su tiempo precioso, su presencia, su alegría, su mirada, su forma de apreciar y celebrar cada pequeño detalle, de ayudarse, de apoyarse.

Yo, por mi parte, he compartido mi deseo de trabajar a favor de las personas, en especial de aquellas que están en situación de vulnerabilidad; mis ganas de seguir promoviendo una comunicación genuina y encuentros que pongan más luz a la vida. También a la mía.

(Manolo Benítez, que pone música a estas palabras y a mi vida, ha estado ahí, entre bambalinas, compartiendo en este proyecto).

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